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El Vino

Aromas del vino. ¿Cuántos existen?

Aromas del vino. ¿Cuántos existen?

Cuándo escuchamos hablar de los aromas del vino, sabemos exactamente a ¿cuáles se refieren, de donde provienen o cuántos podemos encontrar?

Los aromas del vino que se desprenden cuando giramos nuestra copa para que nuestro olfato los perciba son variados y provienen de distintos procesos.

Aromas Primarios: Son los aromas propios de la fruta. De la uva, mayormente de su piel. Cada variedad tendrá sus propios compuestos químicos aromáticos, la que expresará el suelo: su composición y zona donde se cultiva y el clima.

Y entre ellos podemos encontrar aromas florales, frutales, especias y minerales.

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Aromas Secundarios: Son los aromas que se desarrollan durante el proceso de fermentación alcohólica (llevado a cabo por levaduras) y maloláctica ( por bacterias lácticas)  y dependerán del tipo de levaduras  y bacterias que lleven a cabo el proceso de fermentación. Estos aromas recuerdan a la masa de pan fermentándose. Son aromas agradables. Algunos lo mencionan como aroma  a confitería.

También podemos encontrar debido a la transformación maloláctica  aroma a mantequilla, crema o leche.

Aromas Terciarios: Hasta hace un tiempo también asociados al «bouquet» del vino. Son los aromas aportados por la crianza en roble y sus derivados. Son aromas más cálidos, menos frescos que los primarios, podemos reconocer madera, tabaco, chocolate, frutos secos, miel , humo y cuero. Cuando reconocemos estos aromas en un vino podemos decir que es vino complejo. Complejidad otorgada por el paso por madera. Y a mayor tiempo de crianza mayor complejidad.

Aromas Cuaternarios: Son generados en el proceso de maduración que el vino continúa en la botella. Son los que encontramos en vinos de guarda. Vinos que continúan agregando cualidades mientras permanecen en botella. Estos aromas son los se van desprendiendo lentamente en la copa. Mientras más tiempo de abierto el vino más descubriremos.

Por eso a estos vinos se los debe colocar en un decanter al menos media hora antes de beberlos. Esto nos permitirá descubrirlo en su máxima expresión.

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Los aromas terciarios y cuaternarios se van superponiendo a los primarios y secundarios y es lo primero que diferenciamos entre un vino joven o un vino de crianza.

En el vino joven no vamos a encontrar nunca aromas terciarios y cuaternarios y en un vino con madera se vuelven imperceptibles los aromas a frutas y flores.

La idea no es que cuando acerquemos una copa a nuestra nariz pensemos en los aromas primarios, secundarios, etc, sino que juguemos a descubrir a que nos recuerda ese vino.

A practicar!

 

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