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Otra crisis, ¿y van?

Otra crisis, ¿y van?

Hoy el tema no es el vino, sino la permanente negación de los síntomas, el diagnóstico inapropiado y el tratamiento inadecuado de este Tango que es la política argentina, porque seamos claros, la percepción que tenemos sobre la política como elemento solucionador de problemas, es lo que nos saca del foco para salir adelante de una vez.

Y así nos despertamos esta semana: otra crisis económica nacional. Otra vez, el Ejecutivo Nacional en jaque por la acción de especuladores y la inacción propia. Repetimos la historia, los errores y los horrores de los últimos ochenta años, por el simple hecho de no respetar la Constitución Nacional.

El preámbulo versa que los representantes del pueblo se reúnen “por voluntad y elección de las provincias que la componen” . Luego, en el artículo primero, la Nación Argentina adopta el sistema de gobierno “representativo, republicano y FEDERAL”. Por último, en los artículos 4; 9; 75; 121; 123 y 126 quedan claramente expresadas las fuentes de financiación de los estados Nacional, Provinciales y Municipales: concretamente hablamos del poder de imperio que establece para cada estado la Constitución Nacional –ley suprema de la Nación- en lo que respecta a la facultad de imponer tributos. El Estado nacional posee en forma exclusiva y permanente el producto derechos de importación y exportación, del de la venta o locación de tierras de propiedad nacional, de la renta de Correos, de las demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga el Congreso General, y de los empréstitos y operaciones de crédito que decrete el mismo Congreso para urgencias de la Nación, o para empresas de utilidad nacional. (Arts. 4, 9, 75 C.N.) El tan mentado artículo 75 es el tristemente célebre relacionado con la “Coparticipación Federal de Impuestos”. De éste régimen, solamente el 57,4% “regresa” a las provinicias; el resto: se pierde en la maraña burocrática nacional.
Las provincias poseen en forma exclusiva y permanente el producto de los impuestos Directos que se definen como aquellos que gravan manifestaciones directas de capacidad contributiva como el patrimonio y la renta. (Arts.121 y 126 C.N.). Los Municipios poseen autonomía (Art. 123 C.N.)

De todo lo expresado arriba, surge que “la voluntad y elección de las provincias” que componen la Nación Argentina, es que el Estado Nacional se ocupe de recaudar impuestos y luego de repartirlos, antes de ajustarse a lo que manda la Constitución,  armar un plan de desarrollo y ponerse a trabajar. Los Senadores Nacionales deberían votar el final de los impuestos “por necesidad y urgencia”, que en el caso del Impuesto a las Ganancias, bajo otras denominaciones, viene renovándose cada diez años, desde 1932. Un estudio reciente de PwC (Paying Taxes 2018) dice que la tasa impositiva total, expresada como porcentaje del beneficio comercial, representa en Argentina un 106%; mientras que en Canadá representa un 20.9% y en Australia un 47,5%. En el armado del 106% argentino, el Impuesto a las Ganancias aporta un 3,9%; los impuestos al trabajo un 29,3% del beneficio comercial y “Otros impuestos” la escalofriante cifra del 72,8%.

Traduzco: se cobran -a cada vez menos aportantes- siderales cifras “impositivas” para mantener un innecesario aparato estatal paquidérmico.

El “Sistema Tributario Argentino” es una sucesión de parches anacrónicos destinados a desvalijar los bolsillos de quienes apostamos a la producción y al trabajo. Sólo los especuladores ganan. Para saber cuántos impuestos nacionales vigentes hay, sólo tenemos que ir a la Dirección Nacional de Investigaciones y Análisis Fiscal, que depende de la Subsecretaría de Política Tributaria, que es parte de la Secretaría de Ingresos Públicos, oficina del Ministerio de Hacienda, de la Presidencia de la Nación… me cansé sólo de escalar ¡CINCO NIVELES para enterarnos cuántos impuestos hay vigentes! El informe tiene 114 páginas, pero para que se indignen como yo, apenas enunciaré algunos:

  • Ganancias
  • Gravamen de emergencia sobre premios de determinados juegos de sorteos y concursos deportivos
  • Ganancia mínima presunta
  • Bienes personales
  • Contribución especial sobre el capital de las cooperativas
  • Impuesto a la transferencia de inmuebles de personas físicas y sucesiones indivisas
  • Impuesto sobre los créditos y débitos en cuentas bancarias y otras operaciones
  • Impuesto al valor agregado (IVA)
  • Impuestos internos – a los bienes y a los servicios-
  • Impuesto a la energía eléctrica
  • Impuesto adicional de emergencia sobre cigarrillos
  • Fondo especial del tabaco
  • Impuesto sobre los combustibles líquidos y al dióxido de carbono
  • Recargo al gas natural
  • Impuestos al trabajo

Y otra pila de impuestos…

Es claro, según el Presupuesto Nacional 2018 –ése que hoy es un papiro medieval-  preveía ingresos por 953 mil millones de pesos, de los cuales, 740 mil millones provenían de impuestos directos e indirectos. Cuando analizamos en qué se gasta, vemos cosas como estas: Poder Legislativo Nacional (331 legisladores) Presupuesto total: 18.500 millones de pesos. De esos, 16.664 millones corresponden a “Gastos en Personal”. ¿Saben cuántos cargos hay asignados en el Congreso Nacional para 331 legisladores? 16.196. Va de nuevo: dieciséis mil ciento noventa y seis personas para trescientos treinta y un legisladores. Multipliquen estos números por cada provincia y municipio, y realmente pregúntense si necesitamos tremendo aparato que lo único que ha aportado en los últimos ochenta años, ha sido crisis recurrentes. Legisladores, asesores, secretarios, choferes, administrativos, custodios, conserjes, edificios, vehículos, pasajes. Una verdadera máquina de dilapidar los cada vez más escasos recursos.

La culpa no es del chancho, en este caso es de quien le da de comer. La voluntad y decisión de las provincias que componen la Nación es que este elefante de la política nos seque de raíz y cíclicamente tengamos que empezar de nuevo, pero desde un escalón inferior a la vez anterior.

Quien dijo que la política cambia la realidad de las personas, tiene razón: Argentina hace 100 años era la sexta economía del mundo; hoy no existe. La que habló de la década ganada, no mentía, sólo que el sujeto tácito no era “el pueblo argentino” sino “los que nos servimos del pueblo argentino”. El que dijo que eliminar la inflación era lo más fácil que le iba a tocar, debería estar agradeciéndole al “mejor equipo de los últimos 50 años” por subestimar los problemas.

Si realmente quieren ayudar al Gobierno Nacional, pónganse los pantalones largos, piensen en la gente, basta de privilegios y todo el mundo a trabajar en función del bien común de la población.

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